Mendoza, miércoles de pseudo-invierno, China con África.
-¿Van a querer para Buenos Aires?
-Mmm.. Bueno.
-Genial, vamos.
Buenos Aires 20 de mayo. Mi primer viaje. Tomé 1/4 de Avatar, intenté ubicarla en el ojo pero no pude, empecé a llorar, entonces inmediatamente debajo de la lengua. Anterior a esto ya había tomado fernet, vino y cerveza como para ir activando la noche. Fuimos a Fuck le Fashion, un antro gay de capital que POSTA no se los recomiendo. Era quizás demasiado metropolitano como para mi. Tomé un trago asqueroso, muy fuerte y de pésima calidad, pero nada importaba, esa noche sería genial. Nos retiramos, porque obviamente no daba para quedarse ahí. Entonces emprendimos hacia un bar (más bien, hacia rumbo desconocido) a buscar a otra amiga que no estaba con nosotros.
Mientras tanto, yo estaba concentrada en pensar si me estaba pasando algo o no. Caminamos por unas callecitas hasta llegar a 9 de julio donde corrimos por nuestras vidas, era imposible cruzar tranquilo esa avenida anchísima. Primer episodio bizarro; a mi amiga se le cae el vaso en el medio de la calle y se devuelve a buscarlo. Osea, Av. 9 de julio, semáforo en verde, autos a no menos de 80 km/h. Excelente, igual en el momento lo único que hicimos fue gritar y reírnos. Seguimos caminando.
Nos sentamos como en un boulevard a 1 cuadra del Obelisco, simplemente a fumar. Uno, dos, tres, el tiempo pasaba y yo seguía con el enrosque de que si me hacía o no efecto. Esperaba ser un avatar azul, tener 5 cabezas y subirme al obelisco a ver si se veían las montañas. Tan compenetrada estaba en eso que ni siquiera escuchaba lo que decían los demás hasta que empezamos a saludar a las cámaras de seguridad y no pude evitar reírme a carcajadas. Gritábamos, nos reíamos, saludábamos, imaginabamos situaciones hipotéticas con Nury y Susana Gimenez, fumábamos una banda!
Seguimos caminando, esta vez, por los cordones de las calles que circundan el Obelisco, es decir, dementes. Llegamos a él y no se por qué motivo surgió una pseudo-sesión de fotos; episodio bizarro II. Nos reíamos todo el tiempo y posábamos para unas fotos horribles con las pupilas dilatadísimas ya para esa hora. Esto para mi duró 15 minutos pero para el tiempo real, calculemos unos 60’.
En fin, mi situación había cambiado, me reía de todo pero se lo atribuía al pino, totalmente. Ya estaba convencida de que no me haría ningún efecto y optaba por divertirme.
Dimos aproximadamente 6 vueltas al Obelisco, aunque para nosotros fue sólo una. Al rato llegó el mejor momento; en realidad el mejor y a la vez el peor. Caminábamos por la plaza del Obelisco llena de vagabundos, no pasaba nada porque todos eramos superheroes hasta que llegó la bruja. Dientes deformes, despeinadísima y ebrísima. ¡Qué miedo man! Quería correr y no existía posibilidad, del otro lado nos esperaba más Avenida 9 de Julio llena de autos transitando a gran velocidad. No se cómo, pero escapamos, corrimos quién sabe por donde y de pronto me hablaron al oido; me hicieron caer; 3 horas en el Obelisco, en Buenos Aires, perdidos, el cielo se me caia encima y se nos aparecio una bruja. Ahí me volví loca. Empecé a ver todo distinto y nunca paré de reirme.
CAMINAMOS, como era de esperar y seguimos buscando el bar fantasma que ni sabiámos dónde era. Después vimos el reloj y eran las 5 y media, qué!? No podía ser que el tiempo haya pasado de esa manera.. Nos reímos y decidimos ir al otro hostel. Caminamos por Florida, vimos gente conocida y nos dio miedo, nos perdimos en 4 esquinas sin saber donde ir y nos dio miedo, agarramos por una callecita y más miedo.
Llegamos al hostel, fue otra película de terror, mi amiga era Beetlejuice y el espíritu del innombrable rondaba por todos los pasillos. Después apareció otra bruja en pijama rosado y pantuflas (¿pantuflas? quién lleva pantuflas a un viaje de 3 días? Bizarra número uno.) Sentir ese espíritu maligno fue casi como terrorífico, aunque ahora no puedo parar de reírme de ello. Subí y bajé unas escaleras de caracol todas rotas aproximadamente unas 100 veces, para mi.
POR FIN nos fuimos de ahí rumbo a nuestro hostel acogedor. Ya iba recuperando la lucidez en el taxi, pero por supuesto, seguía riéndome hasta que llegamos y me acosté.
Obviamente no pude dormir. Cerraba los ojos y me imaginaba buenos aires de caramelos con formas y colores extravagantes. Eso duró toda la madrugada, hasta que nos levantamos y esa fue la etapa post-trip..